La Trampa (Cap.1): No te están ayudando. Te están facturando.
Cinco artículos que desmontan, uno por uno, el modelo de academia tradicional. (Parte 1 de 5)

Empecemos por el punto incómodo:
Tal y como está la cosa, no es fácil sacar la plaza si no se tiene academia o preparador.
Claro que habrá superhéroes que se descargarán todo del BOE, lo memorizarán en seis meses, y después protagonizarán una película de Marvel con razón.
Pero la mayoría no llegamos a ese nivel.
Bastante tenemos con estudiar, trabajar y atender familia como para también auto-orientarnos, auto-explicarnos las cosas, auto-resolvernos las dudas y auto-filtrar lo importante.
Es normal.
A la oposición llegamos perdidos.
Y las academias lo saben.
Y saben que, cuando alguien está perdido, no elige lo mejor. Elige lo primero que ve.
Es entonces cuando, como en los dibujos animados, a más de un espabilado le aparece el símbolo del dólar en los ojos.
¡Claro que hay gente honesta!
Pero esto va de aprender a distinguirlos.
Te voy a contar lo que viví desde dentro.
No como alumno.
Como empleado de una academia.
Era una academia de oposiciones a Policía Nacional. No creo que las de Administrativo funcionen muy diferente.
La academia era cara sin paliativos, y pretendía dar imagen de calidad.
Al día siguiente de entrar me pidieron que hiciera 150 preguntas test por tema, porque no tenían ninguna.
A mí, que no había visto jamás un examen oficial de Policía Nacional ni sabía cómo funcionaba su proceso selectivo.
Hasta la pregunta 70 u 80 podía redactar cosas con sentido. A partir de ahí, era rellenar por rellenar.
Pero eso a mi jefe le daba exactamente igual.
Le daba igual que las preguntas no tuvieran nada que ver con las de los exámenes oficiales, ni que no fuesen cronometradas, ni que las falladas no restasen.
Quería 150. Aunque fueran absurdas. Aunque no sirvieran para nada.
Otro día me dicen que, en adelante, voy a responder por email las dudas sobre Globalización y Desarrollo Sostenible. Les dije que de esos temas sé lo mismo que de la reproducción del cangrejo de río, porque soy de Derecho.
Tampoco importaba.
Me tocó tirar de Wikipedia más veces de las que te puedas imaginar.
¿Y cómo eran las clases?
Dos horas leyendo el temario. No me permitían salirme ni una palabra.
¿Resultado? A la hora y cuarto, la gente se moría de aburrimiento.
No seáis muy duros con los empleados de las academias: A menudo no tienen ni idea de lo que es opositar y solo hacen lo que les mandan a cambio del salario mínimo.
Pero al alumno… allí se le cobraba como si aquello fuera Harvard.
¿Calidad? Solo existía a la hora de pasar la mensualidad.
¿Qué por qué te cuento esto?
Porque no me gustaría que te engañasen como esa academia engañaba a sus alumnos.
Ni como engañan cada año a cientos de opositores que no saben por dónde empezar.
No es que no quieran ayudarte. Es que no pueden.
Porque su negocio no va de ayudarte, va de facturar.
Porque lo que te venden como “preparación” es, en muchos casos, una cadena de montaje.
El siguiente artículo no va a ser más suave.
Te voy a contar lo que viví cuando fui yo el alumno que cayó en la trampa de una de esas academias que siempre salen las primeras en Google.
Te adelanto algo: 200 € al mes por imprimirme un test que ni siquiera corregía un profesor.


