La Trampa (Cap.2): Pagué 200€ al mes para que me imprimieran un test
Cinco artículos que desmontan, uno por uno, el modelo de academia tradicional. (Parte 2 de 5)

En el artículo anterior te conté lo que vi trabajando en una academia de oposiciones a Policía.
Hoy te cuento lo que viví como alumno.
Y no, no me deja como el más listo del barrio.
Una vez que dejé de trabajar en aquella academia, me puse a opositar para Administrativo del Estado.
No tenía mucha idea de por dónde empezar, así que hice lo que hace todo el mundo:
Buscar en Google y escribir al primero que sale.
Y allí estaba.
La academia que está siempre arriba.
La que todos conocen, aunque sea para hablar mal de ella.
Sí, esa.
Y sí, fui de cabeza.
Hablé con un “orientador”.
En realidad era un comercial, por supuesto.
Te lo pinta todo precioso. Planificación, entrenadores, test, clases en directo…
Y claro, tú, que estás más perdido que una cabra en un garaje, te lo crees.
Porque quieres creértelo.
Tras firmar el contrato no volví a verle.
Cada cierto tiempo tenía que ir a sus oficinas. Me atendía una persona llamada “entrenadora”.
¿Sabes qué hacía?
Me imprimía un test
Me decía que lo hiciera en un aula de al lado. Sin límite de tiempo y sin nada.
Y luego, mirando una plantilla en su PC, me decía cuántas tenía bien.
Cuando tenía alguna mal y no entendía por qué, le preguntaba. Me decía que no se sabía el temario.
Solo era una administrativa de oficina.
Que enviase las dudas por email a los profesores.
Profesores que nunca veía salvo en clases online de cien personas.
Esas clases eran otro drama.
Casi cien conectados.
El que ni ha abierto el tema, conectado a la misma clase que el que lleva opositando tres años.
El chat, como un gallinero.
Una de las profesoras apenas podía dar clase por el ruido de fondo que hacían sus propios compañeros de trabajo.
Algunos leían el temario sin más, sin explicar nada.
Y se excusaban con perlas como…
“Es que esto solo se entiende una vez que eres funcionario.”
Ah, perfecto.
Entonces para entenderlo tengo que aprobar.
Y para aprobar tengo que entenderlo.
Magnífico.
Precio: 200 euros al mes.
Con permanencia de un año.
Sí, 2.400 euros y ni siquiera estaba claro que alguien supiera mi nombre.
Esto no fue un engaño.
Fue una decisión mal tomada. Por no cuestionar. Por creer que visibilidad significa calidad.
¿Y por qué te cuento esto?
Porque se están aprovechando de nosotros.
De nuestra desesperación por salir de la precariedad a través de las oposiciones.
Se aprovecharon de mí, y lo hacen todos los años con muchos otros.
Como no faltan alumnos, los precios de muchas academias no tienen ya ninguna relación con la atención que dan.
Pensé que si mucha gente estaba en esa academia, sería porque funcionaba.
Pero no.
Funcionaba el marketing, no el método.
Las academias más visibles no son las mejores.
Pagan verdaderas burradas a Google por aparecer arriba.
La primera página de resultados siempre está vendida al mejor postor.
Y eso lo acabas pagando tú.
Lo peor de mi caso es que acepté sin exigir nada.
Cuando no sabes lo que vale tu preparación, cualquiera puede venderte la suya.
Pero eso se acabó.
En 48 horas te voy a hacer una pregunta que debería incomodarte:
¿Estás pagando para avanzar… o solo para seguir en el proceso?


